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Keirin, otra cara del ciclismo
Este ciclismo a fondo ultraviolento apasiona a los japoneses; el dinero y la vehemencia animan la ferocidad de este deporte en el que casi todo está permitido.
El público del Japón juega decenas de millones de dólares al año en apuestas, y los ciclistas, a veces , hasta la vida. Todos los años hay un muerto, por colapso cardíaco o por accidente, y casi nunca es el primero que cae, sino los que van justo detrás de él, que salen despedidos por encima del manubrio y se estampan con la cabeza o el hombro sobre la dura pista.
El ciclismo a fondo por sí solo es uno de los deportes más duros que hay; a su dureza, el keirin añade la violencia del fútbol americano; se requiere una preparación física especial para aguantar el dolor.
Cuando suena la campana indicando la salida, los ciclistas dan un pequeño salto, y tanto en la cancha como en las gradas, se desatan los instintos competitivos. Los corredores pueden atacar al contrario, empujarlo, pellizcarlo, apretarlo con los brazos y las piernas; sólo hay un límite: no puede tocarse la bicicleta ajena. |